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RUTA 2
CORTIJOS NUEVOS - MONTE EL YELMO
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Dos son las opciones que os recomendamos para esta ruta. La
más atractiva, pero más trabajosa, es la de hacer
a pie todo el recorrido hasta el pico de El Yelmo. La otra es
en coche,
aunque en algunas partes de la pista forestal, a partir de El Robledo,
tendremos que tener más cuidado por nuestro
vehículo.
Partiendo desde Cortijos
Nuevos tomamos la carretera que sale de la
redonda en dirección este, hacia el Ojuelo; dejando a la
derecha el campo de fútbol y el polideportivo, y tras cruzar
el arroyo de los Piñoneros, nos encontramos un camino, a la
izquierda, que nos conduce hasta el Castillo
de Gutamarta.
Llegamos a la aldea de El
Ojuelo, situada a 830 m. sobre el nivel del
mar. En ella hay Aula de Adultos, Hogar del Jubilado y un Aula
perteneciente al Colegio Público Rural de Cortijos Nuevos,
además de un Centro de Acceso a las TIC de la red de
Telecentros. El centro de El Ojuelo es un cruce de caminos. En
dirección oeste, tras cruzar el arroyo de El Robledo y el
del Tornajico, y dejando a la izquierda la Tinada del Campo y, a la
derecha, el Cortijo de
Miguel, enlazamos con la Ruta 3, que nos
comunica con Trujala,
Orcera
y Segura de la Sierra.
Parada obligada para reponer fuerzas y beber del agua de la vida, es la
fuente junto al lavadero. Dicha fuente de caudal abundante, fresca y
cristalina todo el año, abastece la fértil vega y
los cultivos de olivar que rodean a esta población. Aceite
de alta calidad que podemos adquirir en su almazara. En la parte alta
se encuentra El Ojuelillo
o El Ojuelo Chico, desde el cual parte una
pista que lo comunica con Cortijos Nuevos y Hornos y constituye un
antiguo Camino de Mesta. En este camino se halla un paraje donde se
celebra la romería de San Isidro y que también se
utiliza como pista de aterrizaje de los parapentistas que despegan de
El Yelmo.
El Ojuelo tiene una pequeña plaza con una ermita sombreada
por árboles alimentados por el canto de los
pájaros y la voz de los vecinos sentados en los bancos de la
plazoleta. Son famosas sus fiestas del Olivo, a mediados de junio, y
las fiestas de agosto en la primera semana de este mes, donde destacan
sus verbenas nocturnas llenas de música y buena gente,
esencia de la “marcha veraniega” serrana.
Desde El Ojuelo
accedemos a la aldea de El
Robledo, situada a algo
más de un kilómetro. Se encuentra entre 900 y 930
metros de altitud al pie de El
Yelmo. Por esta ladera transcurren un
buen número de fuentes de las que se abastecen los arroyos
de Los Piñoneros y del Robledo. Existe en esta aldea un
Consultorio Médico y el Aula del Centro de Adultos
“Tavara”. En la parte alta de la pedanía
hay una antigua casa forestal y una ermita.
La casa forestal albergará el Museo del Aire, ligado al
Festival Internacional del Aire, único a nivel peninsular,
que se celebra en nuestro municipio. En esta población se
produce la transición del cultivo del olivar a los pinares
que dan color a la ladera de El Yelmo. Celebra sus fiestas el
último fin de semana de agosto.
Desde la casa forestal iniciamos la escalada al monte El Yelmo y un
poco más arriba, donde termina la carretera asfaltada, se
encuentra el camping de El Robledo, propiedad del Consistorio, al pie
del cual está el lavadero, abastecido por una fuente donde
todavía podemos ver algunas mujeres lavando la ropa a la
antigua usanza. Monte legendario y literario al que Don Francisco de
Quevedo ya en el siglo XVI dedicaba una silva, con el
título
EL
YELMO DE SEGURA DE LA SIERRA (Monte muy alto al Austro),
que
reproducimos a continuación:
O sea que olvidado,
o incrédulo del caso sucedido,
o mal escarmentado,
¡Oh peñasco atrevido!
Llevas a las estrellas frente osada
de ceño y de carámbanos armada;
debajo de tí truena,
que respeta tus cumbres el verano,
y allá en tus faldas suena
lluvioso y tierno caño;
y donde eres al cielo cama dura,
das a Guadalquivir cuna en Segura.
Por de más alto vuelo
te cudiciara el águila gloriosa,
pues arrimado al cielo,
lo que no pudo él osa.
Sobre Olimpo nos muestras por
momentos
las determinaciones de los vientos.
Escondes a la vista
el Yelmo con que Júpiter tonante,
armado en la conquista,
si no te vio triunfante,
te vio valiente y animoso, y vemos
que hoy le arriman escalas tus
extremos.
Coronado de pinos
el cerco blanco de la luna en ramas
y en los astros divinos,
que son eternas llamas,
te encienden por turbar antiguas
paces.
Y al cielo vecindad medrosa haces.
Son parto de tus peñas
Mundo y Guadalquivir, famosos ríos
y luego los despeñas
por altos montes fríos
de tan soberbios y ásperos lugares,
que parece que llueves los que pares.
Baja recién nacido
Guadalquivir y llega tan cansado
que le ve encanecido
en su niñez el prado
con la espuma que hace y con la nieve.
Ceñido en breve orilla
Llega a tomar el cetro de los ríos,
y encercando a Sevilla
le coronan navíos,
por ser tan noble su primera fuente.
Que es de los cielos alto descendiente.
Con pasos perezosos
al mar camina, como va a la muerte,
y en senos procelosos
por tributos se vierte,
donde yace del golfo respetado
por lo que en él Belisa se ha mirado.
El acceso discurre continuando por la pista en la que nos encontramos,
no muy lejos del camping, un cruce a la derecha, donde hay un mirador
que se abre a las excelentes vistas panorámicas de la
localidad de Hornos. Esta bifurcación del camino nos adentra
en su término municipal.
Continuamos el ascenso y más adelante, a la izquierda,
arranca otro camino desde el que asistimos a las impresionantes
perspectivas del valle del río Trujala y de Segura de la
Sierra y que nos lleva al monte de Navalcaballo
(término
municipal de Orcera) donde enlaza con la Ruta 4 y Ruta 6. Continuamos
la subida hasta llegar a la cara más oriental del monte,
donde hay otro cruce de caminos. El de la derecha enlaza de nuevo, por
una pista, con la carretera de El
Campillo (JF-7016), punto desde el
que podemos observar toda la llamada “Garganta de
Hornos”.
Volvemos de nuevo a la cara que da al valle y coronamos el pico de El
Yelmo, a 1.809 metros.
Hemos colmado nuestras expectativas, nuestro cuerpo vuela sobre la
inmensidad de lo que nuestra retina observa. Cordilleras,
montañas, ríos, valles, cultivos, poblaciones,
castillos..., todo se nos muestra a una escala tal que nos sentimos
poseedores del infinito. En su ladera occidental existe un gran
número de cuevas donde practicar la espeleología
y se halla densamente poblada de coníferas, propiedad del
Cabildo. El Yelmo está coronado por piedra blanca caliza
semejante a un casco guerrero, de ahí el origen de su
nombre. En su cumbre se sitúa una caseta de vigilancia y
refugio, así como la pista de despegue de vuelo libre, que
es el punto de partida de todos los aficionados a este deporte y que
tiene su momento álgido en la primera semana de julio
durante la celebración del Festival Internacional del Aire. |