|
RUTA 4
SEGURA DE LA SIERRA - ARROYO CANALES
|
Iniciamos esta ruta en Segura
de la Sierra, el pueblo más
emblemático de la comarca por haber sido, desde su
formación, epicentro de numerosos acontecimientos
históricos. Salimos de Segura por la carretera que sube de
Orcera y Cortijos Nuevos y atraviesa la villa. Es la única
carretera, no hay pérdida. Justo a la salida nos
encontramos, a
la izquierda, la piscina municipal y el lavadero; a la derecha, la
subida al Castillo.
Seguimos carretera adelante y a muy pocos
kilómetros, el primer cruce, a la derecha, nos lleva hasta
Moralejos. Arriba del monte que se levanta en esa confluencia
están los restos de Segura la Vieja, a 1.300 metros de
altitud.
El sendero está indicado un poco más
allá,
conforme nos acercamos a la primera aldea de este recorrido, a 1.100m.
Moralejos está habitada por unos pocos vecinos; y de ellos,
uno
al menos se dedica con gran habilidad a la artesanía del
esparto. Desde Moralejos nos asomamos al valle del río
Trujala,
cuyas aguas han impulsado gran cantidad de molinos y favorecido
prósperas huertas a lo largo de la historia. El monte que
cierra
el paisaje hacia el este es Navalcaballo. Moralejos celebra sus fiestas
el primer fin de semana de agosto.
El viajero deberá volver sobre sus pasos, llegar al cruce,
al
pie de Segura La Vieja, y girar a la derecha. En ese momento
tendrá que hacerse a la idea de que va a ser protagonista
del
gran espectáculo de la naturaleza más limpia y
abrupta,
la que lo empuja a las afiladas colinas donde el buitre ejerce sus
dominios, a los altos macizos y calares y a los profundos barrancos por
donde transcurren aún las aguas y la vegetación
más vírgenes del Parque Natural. Caminos y
veredas nos
conducen a cortijos y aldeas donde el tiempo llegó en una
bocanada y desapareció para no volver nunca.
Si el viajero continúa por la carretera
encontrará una
desviación a la izquierda que lo conduce a Orcera por la
Cuesta
del Rey, por lo que hay que continuar por la derecha. A unos tres
kilómetros, encuentra otro cruce. Todo está bien
indicado: a la izquierda, Siles, por la JV-7017; a la derecha (nuestra
ruta), la que nos lleva a Río Madera. Un poco más
adelante a la izquierda arranca la pista forestal que enlaza con la
Ruta 6. En la siguiente desviación nos hallamos ante dos
posibilidades para llegar al mismo lugar, a cual más
atractiva.
La 1ª posibilidad: Vamos a dejarnos llevar por la
señal que
nos indica Hornos y Santiago-Pontones. A la derecha de la carretera nos
vigila el Monte de Navalcaballo. Circulamos por una de las carreteras
de mayor altitud. En invierno, la nieve se presenta aquí con
bastante frecuencia. Es una zona húmeda, de
álamos a pie
de camino, donde se cría el guíscano y otras
setas
comestibles: las de Cañeja, por ejemplo, si es
otoño.
Al mismo costado de Navalcaballo, continúa la Dehesa de la
Carnicera, monte de propios del Ayuntamiento, espesura de pinos y
encinas, quejigos y enebros. Siguiendo adelante, a menos de diez
kilómetros, a la derecha, hay un cortijo que se llama El
Campillo; ahí mismo nace un sendero que comunica con la Ruta
2.
Un poco más allá, a 1 kilómetro, la
encrucijada. A
la derecha, Hornos; todo recto, hacia Santiago de la Espada y Pontones;
a la izquierda, nuestra ruta: Río Madera.
En el transcurso, 5 kilómetros, sería interesante
detenerse para visitar algunas aldeas que no se dejan ver
fácilmente desde la ventanilla del coche: Los Jarales, La
Tobilla, Los Asperones y El Canalón. Nombres todos con
sonido
terroso, vegetal y agua.
La 2ª posibilidad: A la izquierda, donde dice Río
Madera.
Después de dejar el Centro del Subcedefo, a la derecha,
comenzaremos el descenso por una intrincada carretera por la que
circular a 40 kilómetros por hora ya es una temeridad. Si en
una
de las curvas, a la izquierda, por donde una veta de piedra viva se
hace patente, el viajero echa pie a tierra y busca unos robledales, y
tiene suerte, puede encontrar pinos que nacen esbeltos en las mismas
ramas de los robles. Prodigios de la supervivencia.
Poco a poco, curva a curva, pasamos por el ZALO (Zona de Acampada Libre
Organizada) de Los Negros, de nuestro término municipal, al
pie
del Calar de los Caracoles y de la Peña del Engarbo (1.584
metros), luego por el Cortijo de Cerrico Montero. En el prado hozan los
gorrinos, picotean las gallinas, se sacuden las moscas, taciturnos, los
burros. En sus bosques moran, casi como un milagro, los pinos de la
especie Laricio más antiguos de Europa. Y, un poco
más
allá, el Campamento Juvenil de Río Madera; luego,
la
aldea de Prados de la Mesta, situada a unos 1.200 metros de altitud y
donde los pocos vecinos que la habitan aún cultivan en sus
huertos productos con sabores más exquisitos que los que se
crían en el valle.
A ambos lados de la carretera, el Cortijo del Abuelo Andrés,
Los
Espinos, Horno de la Peguera, el Centenar y otros. El viajero llega a
un desvío. A la derecha, está indicado:
Río
Madera, también llamada Arroyo Canales, nombre del arroyo
que
allí fluye y que nace un poco más arriba de la
Huelga las
Vigas.
En Río Madera el viajero dispone de un pequeño
autoservicio donde llega el pan amasado y cocido en Pontones, un
restaurante donde sirven recia gastronomía serrana,
alojamientos
rurales y un típico lavadero. Aquí viven serranos
de
digna cepa, seres humanos que, para sobrevivir, han luchado a brazo
partido, durante generaciones, contra las rigores de la Naturaleza. En
la plaza de la aldea, junto a la ermita, tiene lugar el
último
fin de semana de agosto, la verbena, despidiendo
prácticamente
el verano: música y baile con motivo de sus fiestas en honor
a
su patrón San José.
|