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RUTA 6
LOS HUECOS DE BAÑARES
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En esta ruta nos moveremos por la esencia de la Sierra de
Segura, por la Sierra auténtica, aquella sierra llena de
pequeñas aldeas, hoy prácticamente deshabitadas,
pero que
recogen lo más íntimo del serrano. Cortijos
pegados a los
valles donde los grandes calares predominan y se sienten protectores de
sus habitantes, animales y humanos, grandes montañas
majestuosas
plagadas de exuberante vegetación y de impresionantes
vistas.
Pero es como siempre, el agua, la gran valedora de la vida. Los
pequeños ríos discurren entre los grandes valles
labrando
una historia inolvidable, la historia de los Huecos de
Bañares,
de aquí en adelante, una historia mágica que os
invitamos
a descubrir.
Comenzamos nuestro recorrido temprano, cuando los gallos de la vieja
Segura cantan echándole un pulso al silencio provocado por
el
asombro del astro mayor. La dirección es la de la sierra,
por la
carretera (JV-7032) hacia Moralejos. Un poco más arriba, el
cruce de Orcera por la Cuesta del Rey.
Sobre el km 22 se encuentra el cruce a la izquierda que nos lleva en
dirección a las Acebeas acechado por el monte
emblemático
de Navalperal (1646 m). Nuestra dirección es la de la
derecha
hacia el monte de Navalcaballo donde en el Km. 24,8 a la izquierda,
arranca la pista que nos adentra a nuestra ruta: los Huecos de
Bañares.
Es aconsejable realizar esta ruta en vehículo todoterreno
aunque
en condiciones normales, este recorrido es apto para otro tipo de
vehículos. Pasando por la Cañada del Toril nos
saludan
los primeros ciervos de la mañana que como una
auténtica
familia, corren unidos hacia la espesura del bosque. Sin saberlo,
cruzamos un cuarto (suerte, o servidumbre, en que se divide un terreno
para pastos) que pertenece a Benatae. Cruzando el arroyo de El Tejuelo
el viajero no sabe que está en el término
municipal de
Siles.
A 3,2 km. del inicio de la pista a nuestra derecha, se encuentra el
cortijo de Nava del Espino, rodeado de exuberante
vegetación,
donde abundan las trufas y nos saluda la vida de la naturaleza. A un
kilómetro justo los ojos se abrirán sorprendidos
al
contemplar una de las panorámicas más
deslumbrantes de la
Sierra de Segura. El valle se ensancha para dejarse inundar por una luz
distinta, por otra atmósfera. Llegamos al Collado del
Ventano,
piedra horadada a modo de ventana en la caliza que parece comunicar dos
mundos y que nos ofrece un marco paisajístico espectacular
sobre
el valle de Navalasna labrado por el Arroyo de la Fuente del Tejo. A la
derecha miramos hacia el cielo para divisar el pico del Espino (1.722
m), zona de reserva A y monte emblemático para los
lugareños.
A 2,1 km. bajamos por una pendiente atrevida para encontrarnos con el
cortijo y la Fuente del Tejo. Cruce de caminos, ríos y
montañas, que nos hacen sentirnos pequeños ante
la
inmensidad de lo inexplicable. A la derecha, una pista más
estrecha una vía más estrecha que lleva al
Collado de
Góntar y a varias aldeas del municipio de Santiago-Pontones.
El viajero no abandona la pista ancha, cruza el arroyo de la Fuente del
Tejo y distraídos por el paisaje nos sorprenden las vistas
que a
la derecha nos deja la gran caliza de El Castellón (1585 m),
esta inmensa muela se asemeja a un gran castillo donde el buitre y el
águila vuelan con la tranquilidad de saber que son reyes de
la
naturaleza.
Llegamos al cuarto de los Huecos de Bañares de Segura de la
Sierra. Tiene una extensión de 4. 249 Ha y limita al norte
con
el término municipal de Siles, y la provincia de Albacete.
Al
este también con Albacete, al sur con el término
municipal de Santiago-Pontones y al oeste con Santiago-Pontones y con
el cuarto perteneciente al municipio de Benatae. Hasta estos pagos,
hace no más de quince años, aún
llegaba, a
caballo, el correo. Enormes piedras, paisajes abruptos, soledad que
alivia de conflictos y plantea enigmas: ¿cómo ha
vivido
aquí el ser humano? Infinidad de cortijos abandonados, la
mayoría destruidos, que están ahí para
recordar
las duras condiciones de vida que han soportado sus habitantes; o, al
menos, así se lo quiso demostrar el desarrollo industrial,
desde
los centros urbanos más prósperos de nuestro
país,
necesitado de mano de obra dura y barata. A cambio ofrecía
felicidad, confort, consumo y olvido.
Subimos hacia el Collao de Morillas, cuyo Calar (1646 m) da refugio al Cortijo de Morillas. Es la antesala del valle de la Espinea,
auténtica columna vertebral de nuestra ruta y de nuestra
experiencia vital hacia lo desconocido, hacia el corazón de
nuestro recorrido. A la entrada de la aldea, a 2,6 Km. de la Fuente del
Tejo, nos reciben una yegua y su potro como si nos esperaran desde hace
tiempo. Libres de toda atadura nos agasajan con su amabilidad sabedores
de lo que guardan: la libertad.
A 2,6 Km. siguiendo la pista que araña el Calar de Morillas,
descendemos hasta encontrarnos a nuestra izquierda la fuente llamada
del Rinconcillo hasta llegar un kilómetro más
abajo con
la aldea de Prado de Juan Ruiz. Se observa la lucha desigual del hombre
y la naturaleza en aterrazamientos para el cultivo y con
débiles
infraestructuras. La integración fue posible en
épocas
más gloriosas para el hombre, cuando la armonía,
la
convivencia y la adaptación al medio eran las
características principales de la Sierra de Segura. Cuentan
los
viejos que todas las viviendas de la aldea estaban comunicadas por
pequeños portillos para que la convivencia en
épocas de
grandes temporales no declinara sino al revés, permaneciera
viva
y alimentada de bailes, bodas, recitales de cuentos y romances
característicos de la zona. En la actualidad se puede
comprobar
cómo la naturaleza lo inunda todo hasta el punto de esconder
las
ruinas de los cortijos como apropiándose de ellos para
tragárselos definitivamente.
Continuamos nuestro camino y a la izquierda, hasta llegar al cortijo del Toconal. Recomendamos la visita al Toconal motivado por las
vistas de la impresionante caliza que sobresale del Calar de la Sima
(1730 m), y por las sombras que se refugian en la fuente del mismo
nombre y que alberga diferentes árboles frutales en la
actualidad prácticamente salvajes. A 2,9 Km. a la derecha,
la
Aldea del Collado de la Fuente nos origina la esperanza de encontrar un
lugar habitado continuamente donde las higueras, ciruelas y las fuente
que da vida a la aldea están en perfecto estado de
conservación y desarrollo.
Volvemos a nuestro camino. Barrancos y cortados espeluznantes cortijos
abandonados, almas deambulando en pena entre los encinares centenarios.
Después de recorrer casi diecinueve kilómetros de
pista
forestal a lo largo de los Huecos de Bañares llegamos al
final
de nuestra ruta propuesta quedando la posibilidad de continuar para
observar el gran desfiladero del arroyo de la Espinea provocado por el
Puntal de la Espinea y el Morro de los Frailes.
Esta continuación desemboca en la aldea de La Donal,
término municipal de Yeste, Albacete. A la derecha llegamos
a
Parolís. Nos situamos en la JF-7038, que lleva hasta
Río
Madera. Entre estas dos aldeas existe un nuevo camino que nos conduce
“al cielo”, a la aldea de Cabeza la Mora, habitada
hasta no
hace mucho tiempo por varias familias que ya han tenido que partir tras
los hijos que emigraron en busca de otros destinos. Esta zona estuvo
muy poblada en época prehistórica, como muestran
los
hallazgos de pinturas rupestres, declaradas Patrimonio de la Humanidad
por la UNESCO.
El viajero vuelve sobre sus pasos para tomar la carretera que llega a
las Juntas de Miller, poblado donde se albergaron los trabajadores de
la Central Hidroeléctrica en los años cincuenta,
situada
allí mismo.
Aquí termina la ruta. Para regresar a nuestro punto de
partida
es aconsejable seguir a la derecha, dirección Río
Madera,
carretera que serpentea al fondo de un valle entre farallones de
piedra, un tajo formado por la inmensa mole del Collao de los
Anguijones y el otro costado de Góntar, por donde
transcurre, a
veces encabritado, otras sereno, el Río Segura.
El viajero no olvidará fácilmente este recorrido.
Sobre
todo si se detiene en el Embalse de Las Anchuricas o en la Toba. Y,
más aún, si, una vez aquí, se acerca a
la cueva
donde nace, misteriosamente, desde las entrañas de la
tierra, un
manantial que surte generoso y humilde para hacer más
grandes
las aguas del Segura.
Siguiendo este camino enlazamos por la Ruta 5.
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